Por Claudia Altamirano-Torres
Con una timidez enraizada en la humildad de un verdadero lama, nuestro Lama Tony inicia la recapitulación de su vínculo con la tierra de las nieves, dejándonos conocer el linaje al que estamos conectados junto con él, y gracias a él.
Manifestaciones en la infancia indicaron que el vínculo con el dharma databa de vidas previas. Un niño que con apenas tres años y sin saber de geografías expresaba a sus padres un firme “no soy de aquí, soy de Tibet”, sueños o recuerdos infantiles sobre un lugar de enormes montañas nevadas y cielos de turquesa, un gran y majestuoso palacio, hombres vestidos de mujer, y el recuerdo más significativo el de una poderosa figura, la de un maestro que lo apuraba a volver.
El retroscopio confirma esos recuerdos y los alinea con la majestuosa cordillera de los himalayas en Tibet, el techo del mundo; un monasterio residencia del rey de la compasión; un monje y sus hábitos; y el maestro raíz que detendría el diálogo interior de nuestro lama al reencontrarse años más tarde.
Alrededor de los trece años, cuando ya los recuerdos habían cesado, Lama Tony nos cuenta cómo el surgimiento dependiente y el karma provocó su encuentro con un libro olvidado y una revelación; “El camino de las nubes blancas” de Anagarika Govinda, lama alemán pionero del estudio sobre budismo tibetano en los años treinta. A partir esta lectura, L. Tony se sumergió en la búsqueda de ese mundo coleccionando todo tipo de información sobre Tibet, el Dalai Lama y maestros tibetanos.
Por esta misma época un vecino, profesor de la UNAM, le regaló “Las Enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, con quien más adelante tendría también un importante y chamánico vínculo, y cuya descripción decide dejar para otra ocasión.
Con la cabeza ahora llena de Tibet, durante unas vacaciones en Denver, Colorado, se tropezó literal e intempestivamente con Chogyam Trungpa Rinpoche, un gran lama tibetano y pionero junto con otros en enseñar el dharma de manera formal en occidente. Bajo las alas de Chogyam Trungpa, Lama Tony comenzó un estudio más formal del dharma acudiendo cada verano a recibir enseñanzas de este importante maestro.
Un año antes de su mayoría de edad, L. Tony estaba completamente convencido de perseguir una carrera en estudios budistas, esto llegaría un par de años más tarde luego de cumplir con la solicitud de sus padres de completar primero un título universitario en México, por lo que estudió la carrera de Filosofía en la Universidad La Salle en apenas dos años. Atribuye este logro a su cualidad como lector voraz, y a la generosidad de profesores que conociendo sus dotes pudieron encaminarlo para acelerar la compleción del grado.
En 1985 viajó a Boulder para iniciar una carrera en estudios y psicología budistas en la Universidad de Naropa, con ello simultáneamente inicia el camino que lo llevará a reencontrarse con el lama que en sueños lo llamaba. Al poco tiempo realizó un intercambio académico de tres meses al Valle de Katmandú en Nepal, y al presentarse ante Tulku Urgyen Rinpoche ambos estallaron en llanto, el diálogo interior paró, “tardaste mucho” le dijo Tulku Urgyen, él y su discípulo, el Dr. Pesadilla, se reunían por fin.
El interés en una formación budista práctica llevó a L. Tony a la Universidad de Wisconsin, lugar de residencia de con Geshe Lhundub Söpa, quien fue el primer académico budista con un puesto de profesor en una universidad de occidente, quien era además maestro de Su Santidad el Dalai Lama. La tutoría de Geshe Söpa marcó la dirección hacia el Dalai Lama y hacia la fundación de Casa Tibet México.
La audiencia con S.S. el Dalai Lama llegó en 1987 facilitada en gran medida por Geshe Söpa, y en un momento crucial para nuestro maestro plenamente convencido de tomar los votos monásticos. Sin embargo, S.S. tenía otros planes, y le solicitó continuar como maestro secular, así que, con aires sin duda premonitorios, S.S le dijo que se encontraban ante tiempos de monjes secretos, quienes forma secular deberán encargarse de propagar el dharma hacia occidente. Le encomendó fundar en México la Casa del Tibet, en representación de Tibet y del Dalai Lama. Un Tony Karam inflamado por un ímpetu juvenil e inocente no dudo un segundo en aceptar la encomienda. Estaba escrito, no hay un igual, no había nadie más que pudiera traer el preciado dharma al tercer mundo espiritual, traer el budismo a Latinoamérica. Como siempre, y samsara a fin de cuentas, surgimiento dependiente.
El nacimiento de Casa Tibet México ocurrió en 1989 un 6 de julio, en el cumpleaños del Dalai Lama. Su Santidad acudió en persona a la inauguración junto con Geshe Söpa, y con estas lumínicas presencias, L. Tony inició el giro de la rueda del dharma en nuestro país, que sigue girando desde hace casi 37 años en México, y desde hace 35 años en Monterrey.
El surgimiento dependiente en un día de tormenta puso en el camino de las hermanas Pérez-Madero a L. Tony en San Miguel de Allende, con certeza y confianza absoluta le pidieron enseñanzas para Monterrey. La condición del Lama fue reunir como mínimo a diez asistentes, diligentes y saturadas de dharma, las hermanas Pérez-Madero recibieron a L. Tony con 75 seres samsáricos, marcando así el inicio del vínculo de las tierras regias con nuestro preciado Lama y con el preciado Dharma.
En este aniversario celebramos a nuestro Lama Tony, al linaje que lo precede y con el que tan generosamente nos ha conectado, y también celebramos con una mención muy especial a la madre de Tony, Sra. Maricarmen Lamadrid Cadigal. Con un infinito y cálido amor de madre fue la fuerza que impulsó el re-encuentro de ese niño otrora tibetano, con el maestro que lo llamaba de vuelta. El amor de la madre de nuestro Lama subyace a la presencia del dharma en este rincón de Latinoamérica, no podemos avanzar sin reconocer y tratar de emular el amor y compasión de todas las madres, que desde tiempos sin principio ha permitido que todos los seres permanezcan y puedan contactar al dharma.
“Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. ¿Tiene corazón este camino? Si el camino tiene corazón, es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita… Don Juan Matus”
Que el dharma siga floreciendo, que la Bodichita surja, que sea inmensa, y que podamos ser de beneficio para todos los seres.
Por Claudia Altamirano-Torres
Con una timidez enraizada en la humildad de un verdadero lama, nuestro Lama Tony inicia la recapitulación de su vínculo con la tierra de las nieves, dejándonos conocer el linaje al que estamos conectados junto con él, y gracias a él.
Manifestaciones en la infancia indicaron que el vínculo con el dharma databa de vidas previas. Un niño que con apenas tres años y sin saber de geografías expresaba a sus padres un firme “no soy de aquí, soy de Tibet”, sueños o recuerdos infantiles sobre un lugar de enormes montañas nevadas y cielos de turquesa, un gran y majestuoso palacio, hombres vestidos de mujer, y el recuerdo más significativo el de una poderosa figura, la de un maestro que lo apuraba a volver.
El retroscopio confirma esos recuerdos y los alinea con la majestuosa cordillera de los himalayas en Tibet, el techo del mundo; un monasterio residencia del rey de la compasión; un monje y sus hábitos; y el maestro raíz que detendría el diálogo interior de nuestro lama al reencontrarse años más tarde.
Alrededor de los trece años, cuando ya los recuerdos habían cesado, Lama Tony nos cuenta cómo el surgimiento dependiente y el karma provocó su encuentro con un libro olvidado y una revelación; “El camino de las nubes blancas” de Anagarika Govinda, lama alemán pionero del estudio sobre budismo tibetano en los años treinta. A partir esta lectura, L. Tony se sumergió en la búsqueda de ese mundo coleccionando todo tipo de información sobre Tibet, el Dalai Lama y maestros tibetanos.
Por esta misma época un vecino, profesor de la UNAM, le regaló “Las Enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, con quien más adelante tendría también un importante y chamánico vínculo, y cuya descripción decide dejar para otra ocasión.
Con la cabeza ahora llena de Tibet, durante unas vacaciones en Denver, Colorado, se tropezó literal e intempestivamente con Chogyam Trungpa Rinpoche, un gran lama tibetano y pionero junto con otros en enseñar el dharma de manera formal en occidente. Bajo las alas de Chogyam Trungpa, Lama Tony comenzó un estudio más formal del dharma acudiendo cada verano a recibir enseñanzas de este importante maestro.
Un año antes de su mayoría de edad, L. Tony estaba completamente convencido de perseguir una carrera en estudios budistas, esto llegaría un par de años más tarde luego de cumplir con la solicitud de sus padres de completar primero un título universitario en México, por lo que estudió la carrera de Filosofía en la Universidad La Salle en apenas dos años. Atribuye este logro a su cualidad como lector voraz, y a la generosidad de profesores que conociendo sus dotes pudieron encaminarlo para acelerar la compleción del grado.
En 1985 viajó a Boulder para iniciar una carrera en estudios y psicología budistas en la Universidad de Naropa, con ello simultáneamente inicia el camino que lo llevará a reencontrarse con el lama que en sueños lo llamaba. Al poco tiempo realizó un intercambio académico de tres meses al Valle de Katmandú en Nepal, y al presentarse ante Tulku Urgyen Rinpoche ambos estallaron en llanto, el diálogo interior paró, “tardaste mucho” le dijo Tulku Urgyen, él y su discípulo, el Dr. Pesadilla, se reunían por fin.
El interés en una formación budista práctica llevó a L. Tony a la Universidad de Wisconsin, lugar de residencia de con Geshe Lhundub Söpa, quien fue el primer académico budista con un puesto de profesor en una universidad de occidente, quien era además maestro de Su Santidad el Dalai Lama. La tutoría de Geshe Söpa marcó la dirección hacia el Dalai Lama y hacia la fundación de Casa Tibet México.
La audiencia con S.S. el Dalai Lama llegó en 1987 facilitada en gran medida por Geshe Söpa, y en un momento crucial para nuestro maestro plenamente convencido de tomar los votos monásticos. Sin embargo, S.S. tenía otros planes, y le solicitó continuar como maestro secular, así que, con aires sin duda premonitorios, S.S le dijo que se encontraban ante tiempos de monjes secretos, quienes forma secular deberán encargarse de propagar el dharma hacia occidente. Le encomendó fundar en México la Casa del Tibet, en representación de Tibet y del Dalai Lama. Un Tony Karam inflamado por un ímpetu juvenil e inocente no dudo un segundo en aceptar la encomienda. Estaba escrito, no hay un igual, no había nadie más que pudiera traer el preciado dharma al tercer mundo espiritual, traer el budismo a Latinoamérica. Como siempre, y samsara a fin de cuentas, surgimiento dependiente.
El nacimiento de Casa Tibet México ocurrió en 1989 un 6 de julio, en el cumpleaños del Dalai Lama. Su Santidad acudió en persona a la inauguración junto con Geshe Söpa, y con estas lumínicas presencias, L. Tony inició el giro de la rueda del dharma en nuestro país, que sigue girando desde hace casi 37 años en México, y desde hace 35 años en Monterrey.
El surgimiento dependiente en un día de tormenta puso en el camino de las hermanas Pérez-Madero a L. Tony en San Miguel de Allende, con certeza y confianza absoluta le pidieron enseñanzas para Monterrey. La condición del Lama fue reunir como mínimo a diez asistentes, diligentes y saturadas de dharma, las hermanas Pérez-Madero recibieron a L. Tony con 75 seres samsáricos, marcando así el inicio del vínculo de las tierras regias con nuestro preciado Lama y con el preciado Dharma.
En este aniversario celebramos a nuestro Lama Tony, al linaje que lo precede y con el que tan generosamente nos ha conectado, y también celebramos con una mención muy especial a la madre de Tony, Sra. Maricarmen Lamadrid Cadigal. Con un infinito y cálido amor de madre fue la fuerza que impulsó el re-encuentro de ese niño otrora tibetano, con el maestro que lo llamaba de vuelta. El amor de la madre de nuestro Lama subyace a la presencia del dharma en este rincón de Latinoamérica, no podemos avanzar sin reconocer y tratar de emular el amor y compasión de todas las madres, que desde tiempos sin principio ha permitido que todos los seres permanezcan y puedan contactar al dharma.
“Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. ¿Tiene corazón este camino? Si el camino tiene corazón, es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita… Don Juan Matus”
Que el dharma siga floreciendo, que la Bodichita surja, que sea inmensa, y que podamos ser de beneficio para todos los seres.